miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Y USTED?


Me encanta escribir y, a menudo, lo hago con mucho agrado. En la redacción, una pone mayor atención en la elección de las palabras; en cierto sentido, se puede decir que el significado de éstas se viste de un manto de importancia innegable a la hora de escribir. No así cuando se habla. Si bien el lenguaje escrito conlleva la consecuencia directa de permitir a la interpretación desarrollar su red con mucho más eficacia que el lenguaje hablado, he de decir que lo que valoro de la escritura es su permanencia en el tiempo. El hecho es que las palabras se las puede llevar el viento sólo cuando no han sido plasmadas en un soporte…

Reconozco que, algunas veces, he pasado por la escritura con la clara intención de evitar una conversación. Lo hago cuando presiento que no hay modo para mí de tener un interlocutor directo o, también, cuando no deseo simplemente y derechamente conversar. Aún así, jamás lo he hecho con la intención de perjudicar, dañar o faltar el respeto. Mi conciencia no me lo permite; y si es que llegará a elegir voluntariamente menoscabar a una persona, preferiría mil veces hacerlo oralmente.

Muchas veces, me ha dado por escribir a mis parejas, a modo de presente e, incluso, de entretención. Aún así, el juego de las palabras gráficas es peligroso pues, precisamente por su falta de emotividad visible, su connotación puede lograr niveles insospechados. Ahora bien, me pregunto hasta que punto la autoría es responsable de la exégesis (que también es afectiva) del lector porque hay que reconocer que, más aún cuando se trata de comunicar, las interpretaciones pueden ser tantas como las estrellas en el cielo. Creo que aunque se haga un esfuerzo considerable para evitar una posible apreciación errónea, no existe forma de preverlas todas. Siendo un ser dotado de libertad, pasa por mí, al fin y al cabo, decidir si mi comunicación será escrita o pronunciada, a sabiendas que el principio de libertad siempre va de la mano con la responsabilidad. Volvemos entonces al punto de saber hasta donde me incumbe, en tanto autor de un texto, la responsabilidad de la consideración de mis escritos. Lo más lógico sería decir que se trata de una carga compartida o, en otras palabras, que mi responsabilidad se acaba cuando la interpretación del leyente sobrepasa mis propias intenciones.

Por lo mismo cuando le escribo a una persona:

Que me siento agotada emocionalmente
no me estoy refiriendo a ella
sólo espero que su sensibilidad pueda penetrarme

Que me disculpo por el soporte elegido
no estoy relevando una falta grave
sólo espero que el fondo sea más
importante
que la forma

Un poema de amor
aunque sea sin autoría
sólo deseo estampar mis sentimientos
en su esencia

Que las contradicciones me invaden
a la hora de
compartir con ella
sólo anhelo que me ayude a resolverlas

Que quiero cortar el lazo
afectivo
no estoy diciendo que no la deseo
sólo
aspiro a dejar llorar en paz a mi
alma

Que con mi pareja construyo
no me estoy refiriendo a su obra
sólo trato de edificar mi amor
por
para
y con ella

Cuando le escribo a una persona

Es sobretodo porque
ansío que no se lleve el viento
mis palabras…

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