
Con la puntualidad de un reloj suizo, todos los sábados a la misma hora vamos al supermercado. Es la actividad imprescindible del fin de semana y ha pasado a representar un paseo familiar donde, incluso, aprovechamos de sacar a la abuelita para que respire aire fresco. Nuestro lugar de predilección es el “Jumbo” y ningún otro local de la concurrencia ¡jamás! Pues, después de largos minutos de comunicación intrafamiliar, logramos concluir que no le afectaba a nadie que doña Isabel me conozca, pues nosotros nunca compartimos un asado con ella; igualmente, para qué aceptar una ayuda pequeña, aunque sea eterna, cuando el paquidermo “me da más”. La última palabra la tuvo la pequeña de la familia, la cual dio un argumento de peso: “me gustan los animales”. Vamos entonces, dirección Argentina, estamos todos listos para la alegre aventura consumista.
Preparados y dispuestos a entretenernos de la mejor forma posible e imaginable, comprobamos ya en las afueras del supermercado la felicidad con la cual los “carros-men” trabajan, es decir con la sempiterna sonrisa y buena onda que caracterizan a todos los empleados del recinto. Son tantas las huellas de su bienestar que soñamos en el día en que nuestra progenitura alcance estos altos niveles de fortuna; pues, se trata de la preocupación mayor de todos los padres: que sus hijos estén felices y que puedan desenvolverse solos.
Lo primero que hacemos, en el recinto, es instalar a la nana en su carrito especial, así evitamos perderla en los varios pasillos de la selva jumbiana. Eso sí, tuvimos que enseñarle las reglas rudimentarias de circulación motorizada, pues nunca había montado una moto. Ahora le encanta tanto que cuesta, a veces, lograr que se baje rápido. La entretención máxima es la que viven los niños pues se trata para ellos de sus primeras experiencias al mando de un auto; aunque por cierto, después de algunas semanas, empezamos a escuchar reclamos lejanos porque el auto nunca iba en la dirección que ellos querían. Se tranquilizaron cuando les aseguramos que íbamos a dejar constancia de la falla a los simpáticos trabajadores del local.
Como somos fieles consumidores, nuestra rutina ya no tiene nada de novedoso y vamos de sonrisa en sonrisa, de cola en cola, de degustación en degustación buscando la forma más divertida y entretenida de gastar la plata que no tenemos pero que gastamos igual. Total, a eso vinimos. Aún así, hay que decirlo, el mejor momento de entretención, para los mayores, es cuando llegó la hora de conversar con las cajeras. Todos apostamos a saber cuántos puntos hemos recolectado y con cuántas bolsas 100% biodegradables saldremos del local, con orgullo, pues ahora podemos botar nuestras basuras – que, de hecho, son residuos del Jumbo – en la quebrada sin ningún cargo de conciencia. Es nuestra forma de contribuir a la protección del medio ambiente. De esta forma, nos sentimos parte de la gran familia del supermercado, siempre dispuestos a mejorar la calidad de vida de todos.
El apogeo de la aventura se encuentra en el estacionamiento. Allí, deportistas de alto nivel nos ofrecen, a modo de despedida, un espectáculo digno de profesionales del ciclismo y nos dejan locos con tantas piruetas. Es poco decir que quedamos sorprendidos de ver que el supermercado era el patrocinador oficial de estos practicantes amateur. A los niños les encantó, al principio, porque ahora han pasado a ser un evento de menor relevancia que los deja totalmente pasivos. Sin embargo, igual pasamos la semana esperando el sábado, pues sabemos que, aparte de las miles de sonrisas que recibimos, "Jumbo te da más". Y lo comprobamos empíricamente. Para eso, esperamos no despertarnos… ¡nunca!…
Preparados y dispuestos a entretenernos de la mejor forma posible e imaginable, comprobamos ya en las afueras del supermercado la felicidad con la cual los “carros-men” trabajan, es decir con la sempiterna sonrisa y buena onda que caracterizan a todos los empleados del recinto. Son tantas las huellas de su bienestar que soñamos en el día en que nuestra progenitura alcance estos altos niveles de fortuna; pues, se trata de la preocupación mayor de todos los padres: que sus hijos estén felices y que puedan desenvolverse solos.
Lo primero que hacemos, en el recinto, es instalar a la nana en su carrito especial, así evitamos perderla en los varios pasillos de la selva jumbiana. Eso sí, tuvimos que enseñarle las reglas rudimentarias de circulación motorizada, pues nunca había montado una moto. Ahora le encanta tanto que cuesta, a veces, lograr que se baje rápido. La entretención máxima es la que viven los niños pues se trata para ellos de sus primeras experiencias al mando de un auto; aunque por cierto, después de algunas semanas, empezamos a escuchar reclamos lejanos porque el auto nunca iba en la dirección que ellos querían. Se tranquilizaron cuando les aseguramos que íbamos a dejar constancia de la falla a los simpáticos trabajadores del local.
Como somos fieles consumidores, nuestra rutina ya no tiene nada de novedoso y vamos de sonrisa en sonrisa, de cola en cola, de degustación en degustación buscando la forma más divertida y entretenida de gastar la plata que no tenemos pero que gastamos igual. Total, a eso vinimos. Aún así, hay que decirlo, el mejor momento de entretención, para los mayores, es cuando llegó la hora de conversar con las cajeras. Todos apostamos a saber cuántos puntos hemos recolectado y con cuántas bolsas 100% biodegradables saldremos del local, con orgullo, pues ahora podemos botar nuestras basuras – que, de hecho, son residuos del Jumbo – en la quebrada sin ningún cargo de conciencia. Es nuestra forma de contribuir a la protección del medio ambiente. De esta forma, nos sentimos parte de la gran familia del supermercado, siempre dispuestos a mejorar la calidad de vida de todos.
El apogeo de la aventura se encuentra en el estacionamiento. Allí, deportistas de alto nivel nos ofrecen, a modo de despedida, un espectáculo digno de profesionales del ciclismo y nos dejan locos con tantas piruetas. Es poco decir que quedamos sorprendidos de ver que el supermercado era el patrocinador oficial de estos practicantes amateur. A los niños les encantó, al principio, porque ahora han pasado a ser un evento de menor relevancia que los deja totalmente pasivos. Sin embargo, igual pasamos la semana esperando el sábado, pues sabemos que, aparte de las miles de sonrisas que recibimos, "Jumbo te da más". Y lo comprobamos empíricamente. Para eso, esperamos no despertarnos… ¡nunca!…
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