sábado, 11 de octubre de 2008

**** LA BIBLIA... ****


No hay nada más relajante que un reencuentro conmigo misma. Seguro, algunos alegaran que lo mejor es cuando una comparte íntimamente con otra persona, más aún si es su pareja y que hay amor entremedio. Ya, estamos de acuerdo, pero ¿cómo lo hago cuando la pareja fue a comprar cigarrillos y nunca volvió? Privarme del placer y del desahogo que me procura un orgasmo porque estoy soltera… Me ha pasado, joven. Me acuerdo que –aunque no sabría decir cuál de todas mis compañeras puso el tema en el tapete- cuando llegó la hora de la verdad, todas dijimos: ¡nunca jamás! Yo incluida porque me tocó hablar al último y, en ese entonces, no era capaz de asumir la diferencia en público.
Fue una mentira cobarde ya que iban varios años que no tenía ningún atado en regalarme algunos instantes de deleite intenso. Hoy, me digo (o espero) que todas mentimos… La cosa es que después de la conversación me sentí culpable, avergonzada y dejé de masturbarme durante varios meses. A duras penas, lo confieso. De hecho, no lo hice –convencida que había algo que no funcionaba bien en mí- y bueno, eso fue hasta que no aguanté más. De allí, nunca más llegué a sentirme culpable de mis goces solteros y, a casi quince años de esta fatídica tarde de conversaciones íntimas, me río de lo estúpida que fui.
La verdad es que ese día me sentí tan diferente que llegué a pensar que era una anormal, una especie de bicho extraño dentro de la multitud femenina. Y no era para menos, pues, siempre ha existido una nube espesa alrededor de la masturbación, ni hablar cuando se trata de una mujer que se masturba. Sin embargo, cuando me decidí en fijarme más en mis sensaciones que en mi razonamiento, llegué a la conclusión que era un acto imprescindible, deseable y que no podía vivir mucho tiempo sin aliviar mi estado hormonal. Bueno, lo admito, un par de años más tarde, a una amiga se le ocurrió la brillante idea de prestarme un libro y fue la revelación. Era como la BIBLIA del sexo y debo decir que no hizo nada menos que reafirmarme en mis convicciones.
Lastima que en este país no se incentive mucho a la lectura, menos a la educación sexual, porque yo pondría la BIBLIA en las manos de todas las jóvenes mujeres que buscan respuestas a sus dudas sexuales. Y es que "El informe Hite", por muy viejo que sea, es una maravilla, una joya que más que entregar respuestas, abre la puerta a la diversidad humana, específicamente al espectro infinito de lo que es la imaginación femenina. Bueno, para las que no lo conocen, se trata de una encuesta, lanzada por Shere Hite, de donde el título, acerca de la sexualidad femenina. Hasta allí nada novedoso, incluso parece bien aburrido dicho de esa forma. Aún así, lo fenomenal se encuentra en el hecho que, aparte de un par de explicaciones básicas (no hay que olvidar que la primera versión data de los años setentas), este informe se basa en las respuestas –anónimas- de más de tres mil mujeres de distintas edades y condiciones sociales.
Se tocan prácticamente todos los temas –relación de pareja, masturbación, homosexualidad, orgasmos, posiciones preferidas, y una larga lista de etc.- y comprenderán que no sólo es instructivo en cuanto a descubrir lo que la mayoría de las mujeres callan sino que también resulta ser una lectura muy entretenida. Una pasa de la risa a la reafirmación, de la incredulidad a la curiosidad, de una mente sesgada por los comentarios ajenos a la revelación. Fue tanto el entusiasmo que lo devoré y lo atesoré durante varios años en el rincón de mis lecturas preferidas. Incluso hoy en día, cuando me preguntan por mi libro favorito, el primero que me viene a la mente es "El Informe Hite".
Desde la fabulosa descubierta, cada vez que me sentía defraudada por un hombre –por supuesto, pensando sólo en mi bienestar- le recomendaba leer la BIBLIA, pues casi siempre llegaba a la conclusión que, en este plano, a los hombres les falta, básicamente, salir de las películas pornos y volver al mundo de la realidad, cualquiera que fuese. Por supuesto, todos la leyeron con atención, pero pocos me dieron las gracias…Ya no lo hago, pues van ya varios años que no comparto mi intimidad con ellos. Pero ese ya es otro cuento. Lo que quiero decir acá es que no se pierdan la oportunidad de leer la BIBLIA, aunque pareciera ser recuperada de otro mundo. Simplemente porque una de las consecuencias post-lectura es que nunca más cerrarán la puerta a su imaginación.

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